Inglaterra está inquieta y se está despertando lentamente para actuar. ¿Se quedará
En este momento dos ciudadanos estadounidenses, Shepherd y ese noble virginiano, Morrison, van a ser juzgados en Boma por decir la verdad sobre los canallas. Morrison en el banquillo de los acusados forma una estatua de la Libertad más bella que la de Bartholdi en el puerto de Nueva York.
Se intentará en América (pues el Congo tiene sus apologistas pagados en todas partes) fingir que Inglaterra quiere expulsar a Bélgica de su colonia y apoderarse de ella.
Tales acusaciones son una necedad. Administrar una colonia tropical honradamente sin esclavizar a los nativos es un proceso costoso. Por ejemplo, Nigeria, la colonia inglesa más cercana, tiene que ser subvencionada con la cantidad de 2.000.000 de dólares al año.
Quienquiera que se haga cargo del Congo tendrá, considerando su actual estado de desmoralización, un gasto seguro de 10.000.000 de dólares al año durante veinte años. Bélgica no ha administrado la colonia. Simplemente la ha saqueado, obligando a los habitantes a enviar a Amberes todo lo de valor sin retribución alguna.
Ninguna potencia europea decente podría hacer esto. Durante muchos años venideros, el Congo representará un fuerte gasto y constituirá verdaderamente una llamada filantrópica para el próximo propietario. Confío en que no recaiga en Inglaterra.
Se ha intentado también (pues hay considerable ingenio y dinero ilimitado en el otro bando) pretender que se trata de una cuestión de misiones protestantes contra católicas. Cualquiera que piense esto debería leer el libro «La Question Kongolaise», del elocuente y santo jesuita, el padre Vermeersch. Vivió en