Los dos poetas de Saffron Park
El suburbio de Saffron Park se extendía por el lado de poniente de Londres, tan rojo y desgarrado como una nube al atardecer. Estaba construido íntegramente con ladrillos brillantes; su perfil urbano era fantástico y hasta su trazado urbano era disparatado.
Había sido la ocurrencia de un constructor especulativo, ligeramente teñido de arte, que llamaba a su arquitectura unas veces isabelina y otras estilo Reina Ana, aparentemente bajo la impresión de que ambos soberanos eran idénticos.
Era descrito con cierta justicia como una colonia artística, aunque jamás produjo arte alguno de manera definible. Pero si bien sus pretensiones de ser un centro intelectual eran un tanto vagas, sus pretensiones de ser un lugar agradable eran bastante indiscutibles.
El forastero que miraba por primera vez las pintorescas casas rojas solo podía pensar en lo extrañamente formadas que debían de ser las personas que cabían en ellas.
Tampoco al conocer a la gente se vio defraudado a este respecto. El lugar no solo era agradable, sino perfecto, una vez que lograba considerarlo no como un engaño, sino más bien como un sueño.
Incluso si la gente no era «artista», el conjunto era, sin embargo, artístico.
Aquel joven de largo cabello castaño rojizo y rostro impasible—aquel joven no era en realidad un poeta; pero sin duda era un poema. Aquel