Este salmo se aplica a todos los hombres, estén circuncidados o no, pero en particular y de manera especial a los judíos, para quienes fue dado y compuesto de manera especial —como también todo el resto de la Escritura—.
Y en él se les retrata con mayor maestría que a todos los demás paganos. Pues ellos son los que constantemente han perseguido los caminos impíos, la idolatría, la falsa doctrina, y los que han tenido corazones incircuncisos, tal como el propio Moisés y todos los profetas claman y lamentan.
Pero en todo esto siempre afirmaron ser agradables a Dios y por esta causa mataron a todos los profetas. Son el pueblo malicioso y obstinado que no quiso convertirse del mal a las buenas obras mediante la predicación, la reprensión y la enseñanza de los profetas. La Escritura da testimonio de esto en todas partes.
Y todavía afirman ser siervos de Dios y estar ante su presencia. Son los bribones jactanciosos y arrogantes que hasta el día de hoy no pueden hacer otra cosa que presumir de su raza y linaje, alabarse únicamente a sí mismos, y desdeñar y maldecir a todo el mundo en sus sinagogas, oraciones y doctrinas. A pesar de esto, se imaginan que ante los ojos de Dios figuran como sus hijos más queridos.
Son unos auténticos mentirosos y sabuesos que no solo han pervertido y falsificado continuamente toda la Escritura con sus glosas mendaces desde el principio hasta el día de hoy.
El suspiro, el anhelo y la esperanza más ardientes de su corazón están puestos en el día en que puedan tratar a los gentiles como trataron a los gentiles en Persia en tiempos de Ester. Oh, cuánto les gusta el libro de Ester, que sintoniza tan maravillosamente con su anhelo y su esperanza sanguinarios, vengativos y asesinos.
El sol nunca ha alumbrado a un pueblo más sanguinario y vengativo que el que se imagina que es el pueblo de Dios y que ha recibido el encargo y el mandato de asesinar y matar a los gentiles. De hecho, lo más importante que esperan de su Mesías es que asesine y mate a todo el mundo con su espada.
Trataron a los cristianos de este modo desde el mismísimo principio por todo el mundo. Aún les gustaría hacer lo mismo si tuvieran el poder, y bastantes veces lo han intentado, por lo cual se han llevado buenos bofetones en las narices.
Podemos quizás explayarnos sobre este tema más adelante; pero volvamos ahora a su falsa y mentirosa jactancia respecto a la circuncisión.
Estos vergonzosos mentirosos saben muy bien que no son el pueblo exclusivo de Dios, aun cuando poseyeran la circuncisión con exclusión de todas las demás naciones. Saben también que el prepucio no es obstáculo para ser un pueblo de Dios. Y, sin embargo, se pavonean descaradamente ante Dios, mienten y se jactan de ser el único pueblo de Dios en razón de su circuncisión física, sin acordarse de la circuncisión del corazón.
En contra de esto hay ejemplos escriturales de peso.
- En primer lugar, aducimos a Job, quien, como dicen, descendía de Nacor. Dios no le impuso la circuncisión a él ni a sus herederos. Y, sin embargo, su libro muestra claramente que hubo muy pocos grandes santos en Israel que estuvieran a la altura de él y de su pueblo.
- Ni tampoco el profeta Eliseo obligó a Naamán de Siria a circuncidarse; y, sin embargo, fue santificado y se convirtió en hijo de Dios, y sin duda muchos otros con él.
Además, ahí está todo el profeta Jonás, quien convirtió a Nínive a Dios y la preservó junto con reyes, príncipes, señores, tierra y pueblo, y sin embargo no circuncidó a este pueblo.
De manera similar, Daniel convirtió a los grandes reyes y pueblos de Babilonia y Persia, como Nabucodonosor, Ciro, Darío, etc., y sin embargo permanecieron gentiles, incircuncisos, y no se convirtieron en judíos.
Antes, José instruyó al faraón, el rey, a sus príncipes y a su pueblo, como nos informa el Salmo 105:22, y sin embargo los dejó incircuncisos.
Esto, digo yo, lo saben estos empedernidos e inveterados mentirosos, y sin embargo recalcan tanto la circuncisión, como si ninguna persona incircuncisa pudiera ser hija de Dios. Y cada vez que seducen a un cristiano intentan alarmarlo para que