Si llegan a hacer alguna buena obra, podéis tener la seguridad de que no les mueve el amor, ni se hace pensando en vuestro beneficio. Puesto que se ven obligados a vivir entre nosotros, lo hacen por razones de conveniencia; pero su corazón permanece y es tal como lo he descrito.
Si no queréis creerme, leed a Lira, a Burgensis y a otros hombres veraces y honestos. Y aun si no lo hubieran consignado por escrito, encontraríais que la Escritura habla de las dos semillas, la de la serpiente y la de la mujer. Dice que son enemigas, y que Dios y el diablo están en desacuerdo el uno con el otro. Sus propios escritos y libros de oraciones también lo afirman con bastante claridad.
Una persona que no esté familiarizada con el diablo podría preguntarse por qué son tan particularmente hostiles hacia los cristianos.
No tienen motivo para actuar de este modo, ya que les demostramos toda clase de bondades. Viven entre nosotros, gozan de nuestro amparo y protección, usan nuestro país y nuestras carreteras, nuestros mercados y calles.
Mientras tanto, nuestros príncipes y gobernantes se sientan ahí a roncar con la boca abierta y permiten que los judíos tomen, roben y extraigan de sus bolsas de dinero y tesoros abiertos todo lo que quieran. Es decir, permiten que los judíos, por medio de su usura, los desuellen a ellos y a sus súbditos y los reduzcan a la mendicidad con su propio dinero.
Pues los judíos, que son exiliados, en realidad no deberían tener nada, y todo lo que poseen debe ser ciertamente propiedad nuestra. No trabajan, ni nos ganan nada, ni nosotros se lo damos ni regalamos, y sin embargo están en posesión de nuestro dinero y bienes, y son nuestros amos en nuestro propio país y en su exilio.
Un ladrón es condenado a la horca por el robo de diez florines, y si asalta a alguien en el camino real, pierde la cabeza. Pero cuando un judío roba y hurta diez toneladas de oro mediante su usura, es más altamente estimado que Dios mismo.
En prueba de esto citamos la audaz jactancia con la que fortalecen su fe y dan rienda suelta a su odio venenoso hacia nosotros, al decir entre ellos:
"Sed pacientes y ved cómo Dios está con nosotros, y no abandona a su pueblo ni siquiera en el exilio. Nosotros no trabajamos y, sin embargo, disfrutamos de prosperidad y ocio. Los malditos goyim tienen que trabajar para nosotros, pero nosotros nos quedamos con su dinero. Esto nos hace amos suyos y a ellos nuestros sirvientes. Sed pacientes, queridos hijos de Israel, mejores tiempos nos aguardan, nuestro Mesías aún vendrá si seguimos así y adquirimos la chemdath de todos los gentiles mediante la usura y otros métodos".
Ay, esto es lo que soportamos por causa de ellos. Están bajo nuestro amparo y protección y, sin embargo, como he dicho, nos maldicen. Pero volveremos sobre esto más adelante.
Estamos hablando ahora del hecho de que no pueden tolerar que seamos coherederos en el reino del Mesías, y de que él es nuestro chemdath, como atestiguan abundantemente los profetas. ¿Qué dice Dios acerca de esto? Dice que le dará el chemdath a los gentiles, y que la obediencia de estos le será agradable, como afirma Jacob en el Génesis 49, junto con todos los profetas. Dice que se opondrá a la obstinación de los judíos con la mayor energía, rechazándolos y eligiendo y aceptando a los gentiles, aun cuando estos no sean de la noble sangre de los padres ni santos circuncidados. Pues así dice Oseas 2:23: «Y diré a Lo-ammi: "Tú eres mi pueblo"; y él dirá: "Dios mío"». Pero al judío le dice [en Os. 1:9]: «Pon por nombre a este Lo-ammi, porque vosotros no sois mi pueblo y yo no seré vuestro Dios». Moisés también había cantado esto hace mucho tiempo en su cántico [Dt. 32:21]: «Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios; me provocaron con sus vanidades. Yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo; los provocaré con una nación insensata». Este versículo ha estado en vigencia desde hace ya casi mil quinientos años. Nosotros, los gentiles insensatos, que no éramos pueblo de Dios, ahora somos pueblo de Dios. Eso saca de quicio y vuelve estúpidos a los judíos, y por esto se convirtieron en un no-pueblo de Dios, ellos que una vez fueron su pueblo y en verdad aún deberían serlo.