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nydus/Paradise LostPublic
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Table of Contents

Libro I

Sigue Quemos, el obsceno pavor de los hijos de Moab, desde Aroer hasta Nebo y el yermo del extremo sur de Abarim; en Hesbón y Horonaim, reino de Sehón, más allá del florido valle de Sibma cubierto de vides, y de Eleale hasta el Lago Asfáltico. Peor era su otro nombre, cuando sedujo a Israel en Sitim, en su marcha desde el Nilo, para rendirle lascivos ritos que les costaron amargura. Mas desde allí extendió sus orgías lujuriosas aun hasta aquel monte del escándalo, junto al soto del homicida Moloc, la lujuria vecina al odio; hasta que el buen Josías los arrojó de allí al infierno.

Con estos vinieron cuantos desde la corriente fronteriza del viejo Éufrates hasta el arroyo que separa Egipto del suelo sirio, llevaban los nombres genéricos de Baal y Astarté: aquellos masculinos, éstas femeninas. Pues los Espíritus, cuando les place, pueden adoptar uno u otro sexo, o ambos; tan sutil y simple es su esencia pura, no atada ni encadenada con coyunturas o miembros, ni fundada en la frágil fuerza de los huesos, como la carne pesada; sino que, en la forma que eligen, dilatada o condensada, brillante u obscura, pueden ejecutar sus aéreos propósitos y cumplir obras de amor o enemistad. Pues a aquéllos la raza de Israel a menudo abandonó a su Fuerza viviente, y dejó desierto su altar justo, inclinándose humildemente ante dioses bestiales; por lo cual sus cabezas, igualmente bajas, se inclinaron en la batalla, hundidas ante la lanza de despreciables enemigos.

Con ellos en tropel llegó Astoreth, a quien los fenicios llamaban Astarte, Reina del Cielo, con cuernos de luna creciente; A cuya brillante imagen, de noche, a la luz de la luna, las vírgenes sidonias pagaban sus votos y cánticos; En Sión tampoco sin cantar, donde se alzaba su templo en el monte ofensivo, construido por aquel rey uxorio, cuyo corazón, aunque vasto, seducido por bellas idólatras, cayó en los ídolos inmundos.

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