Su alma estirada sobre los cielos que se desvanecen tras una manzana, o pisoteada por pies insistentes a las cuatro, a las cinco y a las seis;
Y dedos cortos y cuadrados cargando pipas, y periódicos vespertinos, y ojos seguros de ciertas certezas, la conciencia de una calle ennegrecida impaciente por adueñarse del mundo.
Me mueven fantasías que se enroscan a estas imágenes, y se adhieren: la noción de algo infinitamente tierno, infinitamente sufriente.
Límpiate la boca con la mano y ríe;
Los mundos giran como ancianas Juntando leña en solares baldíos.