CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 5 de 54
Table of Contents

I. Retrato de una dama

Entre el humo y la niebla de una tarde de diciembre Haces que la escena se ordene —como parecerá hacerlo— Con «Esta tarde la he guardado para ti»; Y cuatro velas de cera en la habitación oscura, Cuatro anillos de luz en el techo sobre nuestras cabezas, Una atmósfera propia de la tumba de Julieta Preparada para todo lo que ha de decirse, o callarse.

Hemos ido, digamos, a escuchar al último polaco Transmitir los Preludios, a través de su pelo y las yemas de sus dedos. «Tan íntimo, este Chopin, que creo que su alma Debería resucitar solo entre amigos, Unos dos o tres, que no tocarán la flor Que se marchita y se interroga en la sala de conciertos». —Y así la conversación se desliza Entre veleidades y pesares cuidadosamente apresados A través de tonos atenuados de violines Mezclados con lejanas cornetas Y comienza.

“No sabéis cuánto significan para mí, amigos míos, Y cuán, cuán raro y extraño es hallar En una vida hecha tanto, tanto de retazos y desvíos, (Pues en verdad no la amo… ¿lo sabíais? ¡no sois ciegos al azar! ¡Qué agudos sois!) Hallar a un amigo que posea estas cualidades, Que posea y prodigue Esas cualidades de las que la amistad vive. Cuánto significa que os diga esto a vosotros— Sin estas amistades—la vida, ¡qué cauchemar!”

Entre los recodos de los violines Y las ariettes De cornetas cascadas Dentro de mi cerebro un sordo atambor comienza A martillear absurdamente un preludio propio, Caprichoso monótono Que es al menos una «falsa nota» definida.

—Tomemos el fresco, en un trance de tabaco, Admiremos los monumentos Discutamos los últimos acontecimientos, Sincronicemos los relojes con los públicos torreones. Sentémonos luego media hora a bebernos unos bocks.

5