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El general Santa Anna había sido uno de los más hábiles y populares caudillos mexicanos. Una revolución política lo había privado del poder y empujado al exilio, y se habia refugiado en La Habana.
Poco antes del comienzo de las hostilidades, un oficial de la marina de los Estados Unidos fue enviado a dicha ciudad. El objeto de su misión no ha sido revelado oficialmente; pero se afirmaba en los periódicos, y se creía generalmente, que era para conferenciar con el general mexicano.
Una escuadra estadounidense, en previsión de la guerra, llevaba algún tiempo apostada frente a Veracruz, y el mismo día en que se declaró la guerra, se enviaron al comandante órdenes «privadas y confidenciales»* de no obstaculizar el regreso de Santa Anna a México.
El distinguido exiliado, era bien sabido, tenía agravios que vengar; y sin duda se dio por sentado, y tal vez se estipuló expresamente, que, al estar en deuda con el señor Polk por la oportunidad de desatar su venganza, fomentaría una insurrección, avivaría las llamas de la guerra civil, recuperaría su antiguo poder y lo ejercería concluyendo una paz con los Estados Unidos.
- «Departamento de la Marina de los Estados Unidos, 13 de mayo de 1846. Comodoro: Si Santa Anna intenta entrar en los puertos mexicanos, le permitirá el paso libre».
" Suyo atentamente, " GEORGE BANCROFT." *• Comodoro David Conner, al mando de la Escuadra del Golfo."
por la cesión de California. Regresó gracias a una orden del Sr. Polk* y, como se esperaba, efectuó una revolución y asumió las riendas del gobierno; y, con su maravillosa energía y perseverancia en favor de su país, reprobó la perfidia del presidente estadounidense.
Para contribuir a fomentar las disensiones civiles que, según se esperaba, resultarían de la repentina aparición de Santa Anna en México, se le exigió al general Taylor que distribuyera una proclama preparada para él en Washington.
En este extrañó documento, se hace decir a los General a los mexicanos: «Vuestro Gobierno está en manos de tiranos y usurpadores. Han abuelto vuestros Gobiernos estatales; han derrocado vuestra Constitución Federal; os han privado del derecho al sufragio, destruido la libertad de prensa, despojado de vuestras armas y reducido a un estado de absoluta dependencia del poder de un dictador militar.
Venimos a obtener indemnización por el pasado y seguridad para el futuro. Venimos a derrocar a los tiranos que han destruido vuestras libertades, pero no venimos a hacer la guerra al pueblo de México, ni a ninguna forma de Gobierno libre que elijan por sí mismos. Es nuestro deseo veros liberados de los déspotas, hacer retroceder a los salvajes comanches, impedir la renovación de sus ataques y obligarles a devolveros de su cautiverio a vuestras esposas e hijos perdidos hace tanto tiempo».
No satisfecho con obligar al general Taylor a distribuir esta mendaz proclamación como un acto propio, se le ordenó expresamente (9 de julio de 1846) seguir un curso de engaño y fraude. El secretario de Guerra le indicó «que aprovechara las ocasiones para enviar oficiales al cuartel general del enemigo con fines militares reales o ostensibles *».
El comodoro Conner, al anunciar al secretario de Marina la llegada de Santa Anna a Veracruz, añadió: «Le he permitido entrar sin oposición».
17' que ocurren comúnmente entre ejércitos, y en los cuales se puede aprovechar la oportunidad para hablar de la guerra misma como si solo se llevara a cabo para obtener justicia, y que preferiríamos mucho más procurarla mediante la negociación que luchando". Aquí, podemos observar, hay una torpe admisión de que la guerra no es defensiva sino agresiva.
De nuevo: '' Un oficial discreto que entienda español, y que pueda ser empleado en el trato tan habitual entre ejércitos, puede ser su agente confidencial en tales ocasiones, y puede ocultar su verdadero [propósito] bajo el objetivo ostensible de una entrevista militar. Comprenderá fácilmente que en un país tan dividido en razas, clases y partidos como lo está México, y con tantas divisiones locales entre los individuos, debe haber un gran margen para operar en las mentes y sentimientos de grandes sectores de los habitantes, e inducirlos a desear el éxito de nuestra invasión, la cual no tiene deseos de dañar su país y que, al derrocar a sus opresores, puede beneficiarlos a ellos mismos.
Entre los españoles, que monopolizan la riqueza y el poder del país, y la raza india mestiza, que soporta sus cargas, debe haber celos y animosidad. Los mismos sentimientos deben existir entre las órdenes inferiores y superiores del clero, de las cuales estas últimas tienen las dignidades y las rentas, mientras que las primeras tienen la pobreza y el trabajo. En todo este campo de división, en todos estos elementos de discordia social, política, personal y local, debe haber resquicios para llegar a los intereses, pasiones o principios de algunas de las partes, y así conciliar su buena voluntad y convertirlas en colaboradoras nuestras para lograr una paz honorable y pronta. La gestión de estos delicados movimientos se confía a su discreción.
No hay evidencia de que el general Taylor jamás participara en estos "delicados movimientos". Él combatió valientemente a los REVIEW OF THE MEXICAN WAR. 1^9 mexicanos; pero no hay razón para creer que jamás se dignara corromperlos.
Era muy cierto que el Sr. Polk prefería adquirir territorio mediante la negociación antes que combatiendo; y de ahí que su objetivo fuera incapacitar a los mexicanos para el combate, fomentando la traición y la rebelión; y de ahí que se instruyera a Taylor para alentar a los departamentos a declararse independientes del Gobierno central.
De ahí también que al comodoro Sloat se le instruyera (el 8 de junio de 1846) "a alentar a la gente de esa región (California), a entablar relaciones de amistad con nuestro país".
Por tanto, el general Kearney, cuatro días después de entrar en Santa Fe, informó a los habitantes mediante proclama (el 22 de agosto de 1846), que era «deseo e intención de los Estados Unidos proporcionar a Nuevo México un Gobierno libre, con la menor demora posible, similar a los de los Estados Unidos».
Además, exigió a aquellos que, por lealtad a su país, «hubieran abandonado sus hogares y tomado las armas contra las tropas de los Estados Unidos, que regresaran a ellos inmediatamente, o de lo contrario serán considerados como enemigos y TRAIDORES, exponiendo sus personas al castigo y sus propiedades a la incautación y confiscación».
Pero estos mexicanos que iban a ser castigados como traidores por resistirse a los invasores de su suelo, debían la misma lealtad a su Gobierno que el General al suyo. Para resolver esta dificultad, el brigadier asumió la prerrogativa ejercida en otro tiempo por la Sede Papal.
«El infrascrito —continuaba la proclamación—, por la presente absolución libera a todas las personas que residen dentro de los límites de Nuevo México de toda lealtad futura hacia la República de México, y por la presente las reclama como ciudadanos de los Estados Unidos».
La absolución y la reclamación tenían igual validez.
El General había recibido instrucciones de establecer un go- bierno civil temporal, "aboliendo en él todas las restricciones ar- bitrarias" y sabiendo muy bien el propósito último para el cual se había realizado su conquista, decretó que el derecho al sufragio en Nuevo México fuera ejercido por "todo varón libre", preparando así a los habitantes para las restricciones arbitra- rias de la peculiar institución que se introduciría en el futuro.
Desde Santa Fe, este caballero pasó a California, y allí asumió nuevamente los poderes del Sumo Pontífice y del Congreso estadounidense. Dirigiéndose a los californianos en una proclama del 1.º de marzo de 1847, declara: "El que suscribe, por medio de la presente, absuelve a todos los habitantes de California de cualquier lealtad futura hacia la República de México, y los considera ciudadanos DE LOS Estados Unidos".
No contento con detentar los atributos de la soberanía eclesiástica y civil, asume los de un profeta: "Las barras y las estrellas flotan ahora sobre California; y, mientras el sol derrame su luz, continuarán ondeando sobre ella, y sobre los nativos del país, y sobre aquellos que busquen un domicilio en su seno; y bajo la protección de esta bandera, la agricultura debe avanzar, y las artes y las ciencias florecerán como semilla en suelo fértil. Estadounidenses y californianos, formáis desde ahora un solo pueblo".