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VI. Las paradojas del cristianismo

venganza. Pero los tolstoianos no tienen la razón suficiente como para gobernar el mundo entero; y en las edades de fe no se les permitió gobernarlo. El mundo no perdió la última carga de Sir James Douglas ni el estandarte de Juana la Doncella. Y a veces esta pura mansedumbre y esta pura fiereza se encontraban y justificaban su unión; la paradoja de todos los profetas se cumplía y, en el alma de San Luis, el león se acostaba con el cordero.

Pero recordad que este texto se interpreta con demasiada ligereza. Se asegura constantemente, sobre todo en nuestras tendencias tolstoianas, que cuando el león se acuesta con el cordero, el león se vuelve corderil. Pero eso es una anexión brutal y un imperialismo por parte del cordero. Eso es simplemente el cordero absorbiendo al león en vez de que el león se coma al cordero. El verdadero problema es: ¿puede el león acostarse con el cordero y conservar aun así su ferocidad real? Ese es el problema que la Iglesia intentó; ese es el milagro que logró.

Esto es lo que he llamado adivinar las excentricidades ocultas de la vida. Esto es saber que el corazón del hombre está a la izquierda y no en el centro. Esto es saber no solo que la tierra es redonda, sino saber exactamente dónde es plana. La doctrina cristiana descubrió las rarezas de la vida. No solo descubrió la ley, sino que previno las excepciones. Subestiman al cristianismo quienes dicen que descubrió la misericordia; cualquiera podría descubrir la misericordia. De hecho, todo el mundo lo hizo. Pero descubrir un plan para ser misericordioso y a la vez severo, eso era anticiparse a una extraña necesidad de la naturaleza humana. Pues nadie quiere que le perdonen un gran pecado como si fuera uno pequeño.

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