Este es el tono de los cuentos de hadas, y ciertamente no es la anarquía ni siquiera la libertad, aunque los hombres bajo una mezquina tiranía moderna puedan considerarlo libertad por comparación. Las personas salidas de la prisión de Portland podrían pensar que Fleet Street es libre; pero un estudio más detallado demostrará que tanto las hadas como los periodistas son esclavos del deber. Las hadas madrinas parecen al menos tan estrictas como las demás madrinas. Cenicienta recibió una carroza del País de las Maravillas y un cochero de la nada, pero recibió una orden —que bien podría haber salido de Brixton— de que debía estar de regreso a las doce. Además, tenía una zapatilla de cristal; y no puede ser una coincidencia que el vidrio sea una sustancia tan común en el folclore. Esta princesa vive en un castillo de vidrio, aquella princesa en una colina de vidrio; esta otra ve todas las cosas en un espejo; todas pueden vivir en casas de vidrio si no tiran piedras. Pues este fino brillo de vidrio por todas partes es la expresión del hecho de que la felicidad es brillante pero frágil, como la sustancia más fácil de romper por una empleada doméstica o un gato. Y este sentimiento de cuento de hadas también penetró en mí y se convirtió en mi sentimiento hacia el mundo entero. Sentí y siento que la vida misma es tan brillante como el diamante, pero tan frágil como el cristal de la ventana; y cuando los cielos fueron comparados con el terrible cristal, puedo recordar un estremecimiento. Temía que Dios dejara caer el cosmos con un estrépito.
Recuerda, sin embargo, que ser quebradizo no es lo mismo que ser perecedero. Golpea un vaso y no resistirá ni un instante; simplemente no lo golpes y perdurará mil años. Tal, al parecer, era la alegría del hombre, ya fuera en el país de los elfos o en la tierra; la felicidad dependía de no hacer algo que en cualquier momento podías hacer y que, muy a menudo, no había una razón evidente para no hacerlo. Ahora bien, el punto aquí es que para mí esto no parecía injusto. Si el tercer hijo del molinero le decía al hada: «Explícame por qué no debo pararme de cabeza en el palacio de hadas», esta bien podía responderle: «Bueno, puestos a pedir explicaciones, explícame tú el palacio de hadas».