Con la destrucción de los estados grangers, los grangers en el Congreso desaparecieron. Estaban siendo juzgados por alta traición, y sus lugares fueron ocupados por las criaturas del Talón de Hierro. Los socialistas eran una minoría lastimosa, y sabían que su fin estaba cerca.
El Congreso y el Senado eran simulacros vacíos, farsas. Las cuestiones públicas eran debatidas seriamente y aprobadas de acuerdo con las viejas formas, mientras que en realidad todo lo que se hacía era dar el sello de procedimiento constitucional a los mandatos de la Oligarquía.
Ernest se encontraba en lo más recio de la lucha cuando llegó el fin. Ocurrió durante el debate sobre el proyecto de ley para ayudar a los desempleados. Los tiempos difíciles del año anterior habían arrojado a grandes masas del proletariado por debajo del umbral de la inanición, y el continuo y generalizado desorden no había hecho sino hundirlas aún más. Millones de personas se morían de hambre, mientras los oligarcas y sus partidarios se hartaban con el excedente.91 Nosotros llamábamos a estos desdichados la gente del abismo,92 y fue para aliviar su terrible sufrimiento que los socialistas habían presentado el proyecto de ley de desempleo. Pero esto no era del agrado del Talón de Hierro. A su manera, se estaba preparando para poner a trabajar a esos millones, pero el método no era el nuestro, por lo que había ordenado que nuestra ley fuera rechazada en la votación. Ernest y sus compañeros sabían que su esfuerzo era inútil, pero estaban cansados de la incertidumbre. Querían que algo sucediera. No estaban logrando nada, y lo mejor que esperaban era poner fin a esa farsa