De pronto, el tío Henry se puso de pie.
—Se avecina un ciclón, Em —le gritó a su mujer—. Iré a cuidar el ganado.
Luego corrió hacia los establos donde guardaban las vacas y los caballos.
La tía Em dejó su labor y corrió hacia la puerta. Una sola mirada le bastó para advertir el peligro que se acercaba.
—¡Rápido, Dorothy! —gritó—. ¡Corre al sótano!
Toto saltó de los brazos de Dorothy y se escondió debajo de la cama, y la niña se dispuso a atraparlo. La tía Em, muy asustada, abrió de un empujón la trampilla en el suelo y bajó por la escalerilla hacia el pequeño y oscuro agujero.
Dorothy atrapó por fin a Toto y comenzó a seguir a su tía. Cuando iba a mitad de la habitación, se oyó un gran alarido del viento y la casa se sacudió con tanta fuerza que perdió el equilibrio y cayó sent Rre de golpe sobre el suelo.
Entonces ocurrió algo extraño.
La casa dio dos o tres vueltas y se elevó lentamente por el aire. Dorothy sintió como si estuviera subiendo en globo.