Por fin, gateó sobre el suelo oscilante hasta su cama y se recostó en ella; y Toto la siguió y se tumbó a su lado.
A pesar del balanceo de la casa y del lamento del viento, Dorothy no tardó en cerrar los ojos y se quedó profundamente dormida.
Por fin, gateó sobre el suelo oscilante hasta su cama y se recostó en ella; y Toto la siguió y se tumbó a su lado.
A pesar del balanceo de la casa y del lamento del viento, Dorothy no tardó en cerrar los ojos y se quedó profundamente dormida.