“Creí que entonces había vencido a la Malvada Bruja, y trabajé más duro que nunca; pero poco sabía cuán cruel podía ser mi enemiga. Ella ideó una nueva forma de matar mi amor por la hermosa doncella munchkin, e hizo que mi hacha volviera a resbalar, de modo que me cortó el cuerpo de lado a lado, partiéndome en dos mitades.
Una vez más el hojalatero vino en mi ayuda y me hizo un cuerpo de hojalata, fijando mis brazos, mis piernas y mi cabeza de hojalata a él mediante articulaciones, para que pudiera moverme tan bien como siempre. Pero, ¡ay! Ahora ya no tenía corazón, por lo que perdí todo mi amor por la muchacha munchkin, y ya no me importaba si me casaba con ella o no. Supongo que todavía vive con la anciana, esperando a que vaya a buscarla.
“Mi cuerpo brillaba con tanta intensidad bajo el sol que mesentía muy orgulloso de él y ya no importaba si mi hacha se resbalaba, pues no podía cortarme. Solo había un peligro: que mis articulaciones se oxidaran; pero guardaba una aceitera en mi cabaña y tenía cuidado de engrasarme siempre que lo necesitaba. Sin embargo, llegó un día en que olvidé hacerlo y, al verme atrapado en una tormenta, antes de que pensara en el peligro, mis articulaciones se habían oxidado, y me quedé de pie en el bosque hasta que ustedes vinieron a ayudarme. Fue algo terrible de sufrir, pero durante el año que pasé allí tuve tiempo de pensar que la mayor pérdida que había conocido era la pérdida de mi corazón. Mientras estuve enamorado fui el hombre más feliz sobre la tierra; pero nadie puede amar si no tiene un corazón, y por eso estoy decidido a pedirle a Oz que me dé uno. Si lo hace, volveré con la doncella de los munchkin y me casaré con ella”.
Tanto Dorothy como el Espantapájaros se habían interesado mucho por la historia del Leñador de Hojalata, y ahora sabían por qué estaba tan ansioso por conseguir un corazón nuevo.