La vida de Dorothy se volvió muy triste al comprender que le sería más difícil que nunca regresar a Kansas y a la tía Em.
A veces lloraba amargamente durante horas, con Toto sentado a sus pies mirándole la cara, gimoteando tristemente para demostrar cuánto sentía la pena de su pequeña ama.
A Toto en realidad no le importaba si estaba en Kansas o en el País de Oz, siempre y cuando Dorothy estuviera con él; pero sabía que la pequeña era infeliz, y eso lo hacía infeliz a él también.
Ahora la Malvada Bruja tenía un gran deseo de apropiarse de los Zapatos Plateados que la niña siempre llevaba puestos. Sus abejas, sus cuervos y sus lobos yacían amontonados y secándose, y había agotado todo el poder del Gorro Dorado; pero si tan solo pudiera apoderarse de los Zapatos Plateados, estos le darían más poder que todas las otras cosas que había perdido. Vigilaba a Dorothy atentamente, para ver si alguna vez se quitaba los zapatos, pensando que podría robarselos. Pero la niña estaba tan orgullosa de sus bonitos zapatos que nunca se los quitaba, excepto por la noche y cuando se bañaba. La Bruja le tenía demasiado miedo a la oscuridad como para atreverse a entrar en la habitación de Dorothy por la noche para quitarle los