Cuando regresaron al castillo, la Bruja Mala los azotó bien con una correa y los mandó de vuelta a su trabajo, tras lo cual se sentó a pensar qué debía hacer a continuación.
No podía comprender cómo todos sus planes para destruir a estos forasteros habían fracasado; pero era una bruja poderosa, además de malvada, y pronto se decidió sobre cómo actuar.
Había, en su armario, un Gorquete de Oro, con un círculo de diamantes y rubíes alrededor.
Este Gorquete de Oro tenía un hechizo. Quien lo poseyera podía invocar tres veces a los Monos Alados, quienes obedecerían cualquier orden que se les diera. Pero ninguna persona podía comandar a estas extrañas criaturas más de tres veces.
Dos veces ya la Bruja Mala había usado el hechizo del Gorquete.
- Una vez fue cuando había hecho de los Winkies sus esclavos, y se había dispuesto a gobernar sobre su país. Los Monos Alados la habían ayudado a hacer esto.
- La segunda vez fue cuando había luchado contra el Gran Oz en persona, y lo había expulsado de la tierra del Oeste. Los Monos Alados también la habían ayudado en esto.
Tan solo una vez más podía usar este Gorquete de Oro, razón por la cual no le gustaba hacerlo hasta que todos sus otros poderes estuvieran agotados.
Pero ahora que sus feroces lobos y sus cuervos salvajes y sus abejas aguijoneadoras se habían ido, y sus esclavos habían sido ahuyentados por el León Cobarde, vio que solo le quedaba un camino para destruir a Dorothy y a sus amigos.