comer, él se acostaba en su lecho de paja, y Dorothy se recostaba a su lado y apoyaba la cabeza en su melena suave y desgreñada, mientras hablaban de sus penas e intentaban planear alguna forma de escapar. Pero no encontraban ningún modo de salir del castillo, pues estaba constantemente vigilado por los Winkies amarillos, que eran esclavos de la Bruja Mala y le tenían demasiado miedo como para desobedecer sus órdenes.
La niña tenía que trabajar duro durante el día, y a menudo la Bruja la amenazaba con golpearla con el mismo viejo paraguas que siempre llevaba en la mano.
Pero, a decir verdad, no se atrevía a golpear a Dorothy, debido a la marca en su frente. La niña no sabía esto, y estaba llena de temor por ella misma y por Toto.
Una vez, la Bruja le dio a Toto un golpe con su paraguas y el valiente perrito se le abalanzó y le mordió la pierna en respuesta. A la Bruja no le brotó sangre donde fue mordida, pues era tan malvada que la sangre en su interior se había secado muchos años antes.