vas, yo ciertamente iré contigo.
Por lo tanto, se decidió emprender el viaje a la mañana siguiente, y el Leñador afiló su hacha en una piedra de afilar verdosa y se hizo aceitar debidamente todas las articulaciones.
El Espantapájaros se rellenó con paja fresca y Dorothy le puso pintura nueva en los ojos para que pudiera ver mejor.
La muchacha verde, que era muy amable con ellos, llenó la cesta de Dorothy con cosas ricas para comer, y le ató un cascabelito alrededor del cuello a Toto con una cinta verde.
Se acostaron bastante temprano y durmieron profundamente hasta el amanecer, cuando los despertó el canto de un gallo verde que vivía en el patio trasero del Palacio y el cacareo de una gallina que había puesto un huevo verde.