aunque las expresiones estén agradablemente ordenadas, al ser examinadas resultan vanas y ambiguas; y siempre sucederá que la construcción más sutil de que son capaces las palabras, cuando se aplica a la descripción de algo que o bien no puede existir, o es demasiado incomprensible para entrar en el ámbito de la descripción, serán palabras huecas, y aunque puedan entretener el oído, no pueden informar a la mente, pues esta explicación incluye una pregunta previa, a saber: > ¿CÓMO OBTUVO EL REY UN PODER EN EL QUE EL PUEBLO TEME CONFIAR Y QUE SIEMPRE SE VE OBLIGADO A FRENAR? Tal poder no pudo ser el don de un pueblo sabio, ni tampoco puede ningún poder QUE NECESITE SER FRENADO provenir de Dios; sin embargo, la disposición que la constitución establece supone la existencia de tal
Pero la disposición es incapaz de cumplir con la tarea; los medios o no pueden o no quieren lograr el fin, y todo el asunto es un felo de se; pues así como el mayor peso siempre levantará al menor, y como todas las ruedas de una máquina son puestas en movimiento por una sola, solo queda por saber qué poder en la constitución tiene más peso, pues ese será el que gobierne; y aunque los demás, o una parte de ellos, puedan obstruir o, según la frase, frenar la rapidez de su movimiento, mientras no puedan detenerlo, sus esfuerzos serán ineficaces; el primer poder motor al fin se saldrá con la suya, y lo que le falta en velocidad lo suple el tiempo.
Que la corona es esta parte prepotente de la constitución inglesa no necesita mención, y que deriva toda su importancia meramente de ser la dadora de cargos y pensiones es algo evidente por sí mismo; por lo cual, aunque hayamos sido lo suficientemente sabios como para cerrar y echar llave a una puerta contra la monarquía absoluta, al mismo tiempo hemos sido lo suficientemente necios como para poner la llave en manos de la corona.