por disolver. Nuestra condición actual es: legislación sin ley; sabiduría sin un plan; constitución sin nombre; y, lo que resulta extrañamente asombroso, una perfecta Independencia que lucha por la dependencia. > El caso carece de precedentes; jamás se ha dado una situación semejante; ¿y quién puede prever cuál será el desenlace? La propiedad de ningún hombre es segura en el actual sistema laxo de cosas. La mente de la multitud queda a la deriva y, al no ver ante sí ningún objeto fijo, persigue aquellos que la fantasía o la opinión le sugieren. Nada es criminal; no existe tal cosa como la traición; por lo cual, cada uno se cree en libertad de actuar como le plazca. Los tories no se habrían atrevido a reunirse de forma ofensiva de haber sabido que, por ese acto, sus vidas quedaban confiscadas por las leyes del estado. Debería trazarse una línea divisoria entre los soldados ingleses tomados en batalla y los habitantes de América apresados con las armas en la mano. * Los primeros son prisioneros, pero los últimos, traidores. * Aquellos pierden
A pesar de nuestra sabiduría, hay una flaqueza visible en algunas de nuestras actuaciones que fomenta la disensión. El Cinturón Continental está demasiado flojo. Y si no se hace algo a tiempo, será demasiado tarde para hacer nada, y caeremos en un estado en el cual ni la RECONCILIACIÓN ni la INDEPENDENCIA serán factibles.
El rey y sus indignos secuaces han vuelto a sus viejas mañas de dividir el Continente, y no faltan entre nosotros impresores dedicados a difundir falsedades falaces. La carta astuta e hipócrita que apareció hace unos meses en dos de los periódicos de Nueva York, y asimismo en otros dos, es prueba de que hay hombres a quienes les falta juicio u honestidad.