sea la separación y que pueda prometer al continente siquiera un año de seguridad. La reconciliación es AHORA un sueño falaz. La naturaleza ha abandonado el vínculo, y el arte no puede ocupar su lugar. Pues, como dice sabiamente Milton, > «jamás podrá surgir una verdadera reconciliación donde las heridas de un odio mortal han penetrado tan
Todo método pacífico y silencioso ha resultado ineficaz. Nuestras súplicas han sido rechazadas con desdén y solo han servido para convencernos de que nada complace más la vanidad ni confirma más la obstinación de los reyes que la súplica repetida; y nada ha contribuido más que esa misma medida a hacer absolutos a los reyes de Europa: testigo Dinamarca y Suecia.
Por tanto, ya que nada sino los golpes servirá, por el amor de Dios, vayamos a una separación definitiva y no dejemos a la próxima generación degollándose bajo los violados y carentes de sentido nombres de padre e hijo.
Decir que no volverán a intentarlo jamás es vano e ilusorio; eso pensamos en la abolición de la ley del timbre, y sin embargo, uno o dos años nos desengañaron; con igual razón podemos suponer que las naciones que han sido derrotadas una vez nunca renovarán la querella.
En cuanto a los asuntos de gobierno, no está en el poder de Gran Bretaña hacerle justicia a este continente: el negocio del mismo pronto será demasiado pesado e intrincado como para ser administrado con un grado tolerable de comodidad por un poder tan distante de nosotros y tan sumamente ignorante de nosotros; pues si no pueden conquistarnos, no pueden gobernarnos.