«Gullible’s Travels», el relato que da título a este libro, trata sobre un viaje a Palm Beach y fue escrito en 1916. Se advierte a los lectores que nunca hayan estado en Palm Beach y estén pensando en ir que no basen su presupuesto en las cifras citadas en el cuento. Por entonces se podía conseguir una habitación doble con baño en uno de los dos grandes hoteles por la ridícula cantidad de 17,00 dólares al día. Hoy en día, esa suma es apenas una propina diurna razonable para el detective del hotel. Todo ha duplicado o triplicado su precio en los últimos diez años, y aun así la afluencia de clientes ávidos aumenta. Los periódicos siguen hablando del lugar por costumbre como algo exclusivo, pero una persona con dinero que no pueda colarse allí hoy en día sería vetada en el club Rotary. A pesar de todo, Palm Beach merece una visita si uno no está sordo ni ciego.
El escritor estuvo allí este invierno durante un solo día, pero su esfuerzo se vio recompensado con la visión de una dama (y una destacada dama de la alta sociedad, por cierto) en traje de baño, el cual consistía en un sombrero negro de seda grande y de ala caída, gafas de pasta, un jubón de terciopelo negro con un cuello alto y asfixiante y mangas largas, mallas de seda negra y zapatos negros, un paraguas de seda negra y guantes blancos.
Esto seguirá siendo para mí el ne pluribus unum en materia de comodidad para nadar, hasta que alguna sirena más ingeniosa, sacrificando la estética en favor de la flotabilidad, aparezca para su chapuzón matutino con la ropa de trabajo de un policía de tráfico esquimal.
Escribiría algo a modo de prefacio para los demás cuentos de este volumen si pudiera averiguar por alguien de qué tratan. Pero parece imposible. Acabo de preguntarle a la señora, le dije: «¿Te acuerdas de los demás cuentos de este libro?», y le leí los títulos y dijo que sí. «Bueno, entonces —le dije—, dime de qué tratan». «¡De qué! —se desmoronó—. No creí que trataran de nada».
R. W. L.
Marzo de 1925