cansaba de explayarse sobre todas las ventajas de una relación tan singular.
En algunos de los ejemplares de presentación de su obra sobre Economía Política, escribió la siguiente dedicatoria:—«A la Sra. John Taylor, quien, de todas las personas conocidas por el autor, es la más altamente cualificada ya sea para originar o para apreciar la especulación sobre el progreso social, esta obra es dedicada con el más alto respeto y estima». Un artículo sobre la emancipación de la mujer sirvió de ocasión para otro encomio. Difícilmente nos equivocaremos si atribuimos un libro mucho más tardío, The Subjection of Women, publicado en 1869, a la influencia ejercida por la Sra. Taylor. Finalmente, las páginas de la Autobiografía resuenan con los elogios ditirámbicos a su «consejera casi infalible».
Los hechos de esta notable intimidad pueden exponerse fácilmente. Las deducciones son más difíciles.
No cabe duda de que el encaprichamiento de Mill causó considerables problemas a sus conocidos y amigos. Su padre le reprochó abiertamente que estuviera enamorado de la mujer de otro hombre.
Roebuck, la señora Grote, la señora Austin y la señorita Harriet Martineau se contaron entre quienes sufrieron por haber hecho alguna alusión a un tema prohibido.
La señora Taylor vivía con su hija en un alojamiento en el campo; pero en 1851 su marido murió y entonces Mill la convirtió en su esposa.
Las opiniones sobre sus méritos divergían ampliamente; pero todos coincidían en que, hasta el momento de su muerte, en 1858, Mill estuvo totalmente perdido para sus amigos. George Mill, uno de los hermanos menores de Mill, expresó la opinión de que era una mujer inteligente y notable, pero «nada que ver con lo que John creía que era».