Cada función añadida a las que ya ejerce el gobierno hace que su influencia sobre las esperanzas y los temores se difunda más ampliamente, y convierte, cada vez más, a la parte activa y ambiciosa del público en dependientes del gobierno, o de algún partido que aspire a convertirse en el gobierno. Si los caminos, los ferrocarriles, los bancos, las compañías de seguros, las grandes sociedades anónimas, las universidades y las beneficencias públicas fueran todas ellas ramas del gobierno; si, además, las corporaciones municipales y las juntas locales, con todo lo que hoy recae en ellas, se convirtieran en departamentos de la administración central; si los empleados de todas estas diferentes empresas fueran nombrados y pagados por el gobierno, y esperasen del gobierno cada uno de sus ascensos en la vida, ni toda la libertad de prensa ni una constitución popular de la legislatura harían que este o cualquier otro país fuera libre más que de nombre. Y el mal sería mayor cuanto más eficiente y científicamente estuviera construida la maquinaria administrativa, cuanto más hábiles fueran las disposiciones para obtener las manos y las cabezas mejor cualificadas para hacerla funcionar. En Inglaterra se ha propuesto últimamente que todos los miembros del servicio civil del gobierno sean seleccionados mediante examen competitivo, con el fin de obtener para dichos empleos a las personas más inteligentes e instruidas que se puedan conseguir; y mucho se ha dicho y escrito a favor y en contra de esta propuesta. Uno de los argumentos en los que más insisten sus oponentes es que la ocupación de funcionario permanente del Estado no ofrece suficientes perspectivas de emolumentos e importancia como para atraer los mayores talentos, los cuales siempre podrán encontrar una carrera más atractiva en las profesiones liberales o al servicio de compañías y otros organismos públicos.
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V. Aplicaciones
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