intelecto— debe esperar desmerecer en la opinión de los demás y recibir una menor proporción de sus sentimientos favorables; mas de esto no tiene derecho a quejarse, a menos que se haya ganado el favor de ellos mediante una excelencia especial en sus relaciones sociales, y haya establecido así un título a sus buenos oficios que no se vea afectado por sus deméritos hacia sí mismo.
Lo que yo defiendo es que los inconvenientes estrictamente inseparables del juicio desfavorable de los demás son los únicos a los que una persona debe verse sometida jamás por esa porción de su conducta y de su carácter que concierne a su propio bien, pero que no afecta a los intereses de los demás en sus relaciones con ella. Los actos lesivos para con otros exigen un tratamiento totalmente distinto. La usurpación de sus derechos; la causación de cualquier pérdida o daño que no esté justificado por los derechos propios; la falsedad o la duplicidad en el trato con ellos; el uso desleal o poco generoso de ventajas sobre ellos; incluso la abstención egoísta de defenderlos frente a un agravio—estos son objetos legítimos de reprobación moral y, en los casos graves, de retribución y castigo morales. Y no solo estos actos, sino las disposiciones que conducen a ellos, son propiamente inmorales y objetos legítimos de una desaprobación que puede llegar hasta la aversión. La crueldad de disposición; la malicia y la mala entraña; la más antisocial y odiosa de todas las pasiones, la envidia; la disimulación y la insinceridad; la irascibilidad por causa insuficiente y el resentimiento desproporcionado respecto a la provocación; el amor por dominar a los demás; el deseo de acaparar más de la parte de ventajas que a uno le corresponde (la πλεονεξἱα de los griegos); el orgullo que extrae satisfacción del abajamiento ajeno; el egoísmo que considera que uno mismo y sus asuntos son más importantes que cualquier otra cosa, y resuelve todas las cuestiones dudosas a su favor;—estos son vicios morales y constituyen un carácter moral malo y odioso; a diferencia de las faltas