aduaneras muy diferentes, fueron aglutinadas en una sola nación, bajo un solo gobierno, una sola ley, un solo interés nacional de clase y tras una sola línea aduanera. La burguesía, en su dominio de apenas cien años, ha creado fuerzas productivas más abigarradas y colosales que todas las generaciones pasadas juntas. Sojuzgamiento de las fuerzas naturales por el hombre, maquinaria, aplicación de la química a la industria y a la agricultura, navegación a vapor, ferrocarriles, telégrafos eléctricos, desmonte de continentes enteros para el cultivo, canalización de los ríos, poblaciones enteras conjuradas saliendo de la tierra; ¿qué siglo anterior había sospechado siquiera que semejantes fuerzas productivas dormitasen en el seno del trabajo social?
Vemos, pues: los medios de producción y de cambio, sobre cuya base se alzó la burguesía, fueron generados en la sociedad feudal. En un determinado grado del desarrollo de estos medios de producción y de cambio, las condiciones en que la sociedad feudal producía y cambiaba, la organización feudal de la agricultura y de la industria manufacturera, en una palabra, las relaciones feudales de propiedad, dejaron de corresponder a las fuerzas productivas ya desarrolladas; se convirtieron en otras tantas trabas. Era preciso romper esas trabas, y las rompieron.
En su lugar entró la libre competencia, acompañada de una constitución social y política adaptada a ella, y con la hegemonía económica y política de la clase burguesa.
Un movimiento semejante está ante nuestros propios ojos. La moderna sociedad burguesa, con sus relaciones de producción, de cambio y de propiedad, una sociedad que ha conjurado medios de producción y de cambio tan gigantescos, se parece al brujo que ya no es capaz de dominar las potencias subterráneas que ha desencadenado con sus conjuros. Desde hace ya varias décadas, la historia de la industria y del comercio no