- De una parte, por la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas; * de otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos. Es decir, preparando crisis más extensas y más destructivas, y disminuyendo los medios
Las armas con las que la burguesía derribó al feudalismo se vuelven ahora contra la propia burguesía.
Pero la burguesía no ha forjado tan sólo las armas que deben darle muerte; ha producido también a los hombres que empuñarán esas armas: los obreros modernos, los proletarios.
En la misma proporción en que se desarrolla la burguesía, es decir, el capital, se desarrolla también el proletariado, la clase de los obreros modernos, que no viven sino a condición de encontrar trabajo, y que encuentran trabajo únicamente mientras su labor acrecienta el capital.
Estos obreros, obligados a venderse a retazos, son una mercancía como cualquier otro artículo de comercio, y por consecuencia están expuestos a todas las vicisitudes de la competencia, a todas las fluctuaciones del mercado.
Debido al uso extensivo de la maquinaria y a la división del trabajo, la labor de los proletarios ha perdido todo carácter individual y, por consiguiente, todo atractivo para el obrero. Este se convierte en un apéndice de la máquina y de él solo se exige la habilidad más simple, más monótona y de más fácil aprendizaje. Por lo tanto, el coste de producción de un obrero se reduce casi por completo a los medios de subsistencia que requiere para su mantenimiento y para la propagación de su raza. Pero el precio de una mercancía, y por tanto también el del trabajo, es igual a su coste de producción. En la misma proporción en que aumenta