I
Hay cosas que dependen de nosotros, y hay cosas que están más allá de nuestro poder.
- Dependen de nosotros la opinión, el propósito, el deseo, la aversión y, en una palabra, cualesquiera que sean nuestros propios asuntos.
- Están más allá de nuestro poder el cuerpo, la propiedad, la reputación, el cargo y, en una palabra, cualesquiera asuntos que no sean propiamente nuestros.
Ahora bien, las cosas que están en nuestro poder son por naturaleza libres, sin restricciones, sin trabas; pero aquellas que están fuera de nuestro poder son débiles, dependientes, restringidas, ajenas.
- Recuerda, pues, que si atribuyes la libertad a cosas que por naturaleza son dependientes y tomas lo que pertenece a otros como si fuera tuyo, encontrarás trabas, te lamentarás, estarás perturbado, y culparás tanto a los dioses como a los hombres.
- Pero si tomas como tuyo solo aquello que te pertenece y consideras lo que pertenece a otros tal como es en realidad, entonces nadie te compelerá jamás, nadie te pondrá trabas; a nadie culparás, a nadie acusarás, no harás nada en contra de tu voluntad; nadie te hará daño, no tendrás ningún enemigo, ni sufrirás daño alguno.
Aspirando, por tanto, a cosas tan grandes, recuerda que no debes permitirte ninguna inclinación, por ligera que sea, hacia el logro de las otras; sino que debes renunciar por completo a algunas de ellas y por el momento posponer el resto.