“¿Qué puesto, pues —dices—, ocuparé en el Estado?” El que puedas ocupar con la preservación de tu fidelidad y de tu honor. Pero si, al desear serle útil aquel, los pierdes, ¿cómo podrás servir a tu patria cuando te hayas vuelto desleal y desvergonzado?
XXV
¿Se prefiere a alguien antes que a ti en una diversión, o en cortesías, o en una conversación confidencial? Si estas cosas son buenas, debes alegrarte de que él las tenga; y si son malas, no te aflijas por no tenerlas tú. Y recuerda que no puedes pretender rivalizar con otros en las cosas externas sin emplear los mismos medios para obtenerlas.
Pues ¿cómo puede aquel que no quiere frecuentar la puerta de nadie, que no quiere acompañarle, que no quiere alabarle, tener una parte igual a la de quien hace estas cosas? Eres injusto, pues, e irrazonable si no estás dispuesto a pagar el precio por el cual se venden estas cosas, y quieres tenerlas de balde.
Pues ¿por cuánto se venden las lechugas? Por un óbolo, por ejemplo. Si otro, entonces, pagando un óbolo, se lleva las lechugas, y tú, al no pagarlo, te quedas sin ellas, no imagines que él te ha tomado alguna ventaja. Pues así como él tiene las lechugas, tú tienes el óbolo que no diste.
Así, en el caso presente, no has sido invitado a la diversión de tal persona porque no le has pagado el precio por el cual se vende una cena. Se vende por alabanza; se vende por compañía. Dale, pues, su valor si te es conveniente. Pero si al mismo tiempo no quieres pagar lo uno y sin embargo deseas recibir lo otro, eres irrazonable y necio.
¿No tienes nada, entonces, en lugar de la cena? Sí, ciertamente lo tienes: el no alabar a quien no te gusta alabar; el no soportar la insolencia de sus lacayos.