XXII
Si tienes un deseo sincero por la filosofía, prepárate desde el principio para que la multitud se ría y se mofara de ti, y diga: «Nos ha vuelto hecho un filósofo de la noche a la mañana» y «¿De dónde viene esa mirada altiva?».
Ahora bien, por tu parte, no pongas una mirada altiva, sino manténte firme en aquellas cosas que te parezcan mejores, como alguien designado por Dios para este puesto en particular.
Pues recuerda que, si eres persistente, esas mismas personas que al principio te ridiculizaron después te admirarán. Pero si eres vencido por ellas, incurrirás en una doble burla.
XXIII
Si alguna vez llegas a volver tu atención hacia las cosas externas, para complacer a alguien, ten por seguro que has arruinado tu proyecto de vida.
Conténtate, pues, en todo, con ser filósofo; y si deseas parecerlo también ante alguien, parécete a ti mismo, y te bastará.
XXIV
No dejes que consideraciones como estas te angustien: «Viviré desacreditado y no seré nadie en ninguna parte». Pues si el descrédito es un mal, no puedes verte envuelto en el mal por causa de otro más de lo que puedes verte envuelto en la bajeza. ¿Es acaso