XXXVII
Si has asumido un papel que supera tus fuerzas, te has desairado mal en él y has abandonado aquel que podrías haber sostenido.
XXXVIII
Así como al caminar tienes cuidado de no pisar un clavo o torcerte el pie, cuida asimismo de no lastimar la facultad rectora de tu mente. Y si guardáramos esto en cada acción, emprenderíamos la acción con mayor seguridad.
XXXIX
El cuerpo es para cada cual la medida adecuada de sus posesiones, como el pie lo es del zapato.
Si, por tanto, te detienes en esto, mantendrás la medida; pero si vas más allá, necesariamente tendrás que avanzar, como por un precipicio; tal como ocurre con el zapato, si sobrepasas su adecuación al pie, llega a ser primero dorado, luego púrpura y después tachonado de joyas.
Pues para aquello que una vez excede la medida justa no hay límite alguno.
XL
A las mujeres, desde los catorce años, los hombres las halagan con el título de amantes. Por lo tanto, al percibir que se las considera únicamente aptas para dar placer a los hombres, empiezan a adornarse, y a depositar en ello todas sus esperanzas. Vale la pena, por consiguiente, procurar que se perciban a sí mismas honradas solo en la medida en que parezcan hermosas en su comportamiento y modestamente virtuosas.