y para su frente, ventisqueros de montañas que se alzan en pináculos fantásticos hacia las lunas;—oh, mucho más altas que nuestra luna de aquí—, las lunas de cristal del país de los sueños. Es—muy—hermosa, tu ama”.
Las palabras murieron en sus labios y sus párpados cayeron.
El gato, también, estaba dormido, con la mejilla apoyada sobre su flanco consumido, las patas relajadas y lacias.