La gente vive ahora más que antes y, como la alienación es principalmente una enfermedad de la vejez, el número de alienados aumenta de este modo. Sin duda, unos mejores métodos de diagnóstico son responsables de parte de este aparente incremento. Pero, aun haciendo todas las concesiones imaginables, todavía quedan motivos para creer que la proporción de personas alienadas en la población aumenta cada año.
Esto se debe en parte a la inmigración, como lo indica la inmensa y constantemente creciente población de dementes del estado de Nueva York, por donde desembarcan la mayoría de los inmigrantes.
En algunos casos, personas que en realidad muestran alguna forma de demencia pueden escabullirse de los examinadores; en la mayoría de los casos, probablemente, un individuo está adaptado para llevar una vida normal en su entorno natal, pero el traslado al entorno más agotador de una ciudad estadounidense resulta ser demasiado para su organización nerviosa.
El flujo general de población del campo a las grandes ciudades tiene un efecto similar al aumentar el número de dementes.
Pero bien mirado, el hecho es que hay varios cientos de miles de personas dementes en los Estados Unidos, a muchas de las cuales no se les impide reproducir a los de su especie, y que por esta incapacidad para contenerlas, la sociedad está imponiendo una pesada carga de gastos, infelicidad y un temible lastre disgénico a las generaciones venideras.
La palabra «locura», como se objeta con frecuencia, significa poco o nada desde un punto de vista biológico; es una especie de cajón de sastre para describir muchos tipos diferentes de trastornos nerviosos. Nadie puede ser objeto de medidas restrictivas por razones eugenésicas, meramente porque se diga que está «loco». Sería totalmente inmoral