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El oso y el zorro

Un Oso presumía una vez de sus nobles sentimientos, y decía cuán refinado era en comparación con otros animales. (Existe, de hecho, la tradición de que un Oso jamás toca un cadáver.)

Un Zorro, que lo oyó hablar en ese tono, sonrió y dijo: «Amigo mío, cuando tengas hambre, tan solo desearía que limitaras tu atención a los muertos y dejaras en paz a los vivos».

Un hipócrita no engaña a nadie más que a sí mismo.

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