Un Boyero estaba cuidando de su ganado cuando echó en falta a un joven Toro, uno de los mejores de la manada.
Fue en el acto a buscarlo, pero, al no tener éxito en su búsqueda, hizo la promesa de que, si descubría al ladrón, sacrificaría un ternero a Júpiter.
Continuando su búsqueda, entró en un matorral, donde pronto divisó a un león devorando al Toro perdido.
Aterrado de miedo, levantó las manos al cielo y exclamó: «Gran Júpiter, te prometí sacrificar un ternero si descubría al ladrón; pero ahora te prometo un Toro en la plenitud de su crecimiento con tal de que yo mismo escape ileso de sus garras».