Cierta vez un hombre enfermó y, hallándose muy grave, hizo el voto de sacrificar cien bueyes a los dioses si le concedían la recuperación de la salud.
Deseosos de ver cómo cumpliría su voto, hicieron que sanara en poco tiempo.
Ahora bien, no tenía ni un solo buey en el mundo, de modo que hizo cien pequeños bueyes de sebo y los ofreció en un altar, diciendo al mismo tiempo: «Dioses, os pongo por testigos de que he cumplido mi voto».
Los dioses decidieron desquitarse con él, así que le enviaron un sueño en el que se le ordenaba ir a la orilla del mar y buscar cien coronas que hallaría allí.
Apresurándose con gran entusiasmo hacia la orilla, dio con una banda de ladrones, que lo capturaron y se lo llevaron para venderlo como esclavo; y cuando lo vendieron, cien coronas fue la suma que obtuvo.
No prometas más de lo que puedas cumplir.