Un Hombre atrapó a una Grajilla, le ató un trozo de cuerda a una de sus patas y luego se la regaló a sus hijos como mascota.
Pero a la Grajilla no le gustaba en absoluto tener que vivir con personas; así que, al cabo de un tiempo, cuando pareció haberse vuelto bastante mansa y ya no la vigilaban tan de cerca, se escapó y voló de regreso a sus antiguos dominios.
Desafortunadamente, la cuerda seguía en su pata y, al poco tiempo, se enredó en las ramas de un árbol y la Grajilla no pudo liberarse, por mucho que lo intentó.
Vio que todo había acabado para ella y exclamó desesperada: «Ay, al ganar mi libertad he perdido la vida».