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La abeja y Júpiter

Una abeja reina del Himeto voló al Olimpo con un poco de miel fresca de la colmena como regalo para Júpiter, quien quedó tan complacido con el obsequio que le prometió darle cualquier cosa que quisiera pedir.

Ella dijo que estaría muy agradecida si les diera aguijones a las abejas, para matar a la gente que les robaba la miel.

Júpiter se disgustó mucho con esta petición, pues amaba a la humanidad; pero había dado su palabra, así que dijo que tendrían aguijones. Sin embargo, los aguijones que les dio fueron de tal naturaleza que, cada vez que una abeja pica a un hombre, el aguijón se queda en la herida y la abeja muere.

Los malos deseos, como las gallinas, siempre vuelven al corral.

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