Una Víbora entró en el taller de un carpintero y fue de una a otra de las herramientas, pidiendo algo de comer.
Entre las demás, se dirigió a la Lima y le pidió el favor de un bocado.
La Lima respondió con un tono de compasivo desprecio: «Qué simple debes ser si imaginas que obtendrás algo de mí, que invariablemente le quito a todo el mundo y nunca doy nada a cambio».
Los avaros son malos dadores.