Un Perro estaba tumbado al sol ante la puerta de un corral cuando un Lobo se abalanzó sobre él y estuvo a punto de devorarlo; pero el Perro le suplicó por su vida y le dijo: «Ves lo delgado que estoy y la miseria de comida que te daría ahora; pero si esperas unos días, mi amo va a dar un banquete. Todos los ricos restos y sobras serán para mí y me pondré bien gordo: entonces será el momento de que me comas».
El Lobo pensó que era un plan excelente y se marchó. Algún tiempo después volvió al corral y encontró al Perro tumbado fuera de su alcance en el tejado del establo. «Baja —gritó— y déjate comer; ¿te acuerdas de nuestro trato?».
Pero el Perro respondió con calma: «Amigo mío, si alguna vez vuelves a pillarme tumbado junto a la puerta, no esperes a ningún banquete».
El gato escaldado del agua fría huye.