«Ni uno solo de ellos se unirá». De ahí que aún hubiera hombres leales a
Cuando Dick regresó, uno tras otro los tres hombres tomaron la gamella y bebieron: uno «A la suerte»; otro con un «Por el viejo Flint», y el propio Silver diciendo, a modo de tonada: «Por nosotros y mantén el rumbo, muchos botines y mucho bizcocho».
Justo en ese momento una especie de claridad cayó sobre mí en el barril y, al mirar hacia arriba, descubrí que la luna había salido, plateando la cofia del mesana y brillando blanca en el pujamen del trinquete, y casi al mismo tiempo la voz en el vigía gritó: «¡ Tierra a la vista!».