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nydus/On Growth and FormPublic
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CAPÍTULO V LAS FORMAS DE LAS CÉLULAS

En muchísimos casos (de los cuales la fig. 80 es un ejemplo), tenemos una forma unduloide exhibida, no por una película o concha circundante, sino por el cuerpo blando y protoplasmático de un organismo ciliado. En tales casos la forma es móvil, y cambia continuamente de un contorno unduloide a otro, según los movimientos del animal. Tenemos aquí, al parecer, que habernos con un equilibrio inestable, y también a veces con el problema más complicado de las «líneas de corriente», como en los difíciles problemas sugeridos por la forma de un pez. Pero toda esta clase de casos, y de problemas, podemos simplemente tomarla en cuenta al pasar, pues su tratamiento es demasiado difícil para nosotros.

Al considerar una serie de formas como los diversos onduloides que acabamos de examinar, chocamos de inmediato (al igual que en el caso de nuestras bacterias o micrococcos) con el concepto biológico de especie orgánica. En la intensa actividad clasôÙsiôÙfiôÙcaôÙtoôÙria de los últimos cien años, ha llegado a suceder que cada forma aparentemente carôÙacôÙteôÙrísôÙtiôÙca, es decir, capaz de ser descrita o retratada, y capaz de ser reconocida al volver a encontrarla, ha sido registrada como especie,〔ya que no necesitamos ocuparnos de las discusiones ocasionales ni de las opiniones individuales acerca de si tal o cual forma merece «rango específico» o es «solo una variedad». Y esta labor secular se persigue en obediencia directa al precepto del Systema Naturae,〔«ut sic in summa confusione rerum apparenti, summus conspiciatur Naturae ordo». Del mismo modo, el físico registra, y tiene derecho a registrar, sus muchos cientos de «especies» de cristales de nieve36, o de cristales de carbonato de calcio. Pero con respecto a estas últimas especies, el físico no hace suposiciones: las registra simpliciter, como «formas» específicas; anota, lo mejor que puede, las circunstancias (como la temperatura o la humedad) en las que se producen, con la esperanza de esclarecer las condiciones que determinan su formación; pero, sobre todo, no introduce {251} el elemento del tiempo y de la sucesión, ni discute su origen y filiación como una secuencia histórica de acontecimientos. Sin embargo, en biología, el término especie conlleva muchas suposiciones amplias, aunque a menudo vagas. Si bien la doctrina o el concepto de la «permanencia de las especies» ha muerto y quedado atrás, el término sigue connotando un cierto valor definido, o una especie de cuasipermanencia. Así, si un diminuto caparazón de foraminífero, un Lagena por ejemplo, se encuentra vivo hoy en día, y se halla un caparazón inôÙdisôÙtinôÙguiôÙble de él a simple vista como fósil en la greda u otra formación geológica remota, se considera legítima la suposición de que esa especie ha «sobrevivido» y ha transmitido su característico rasgo o rasgos específicos diminutos, de generación en generación, inalterados durante incalculables miríadas de años37. O si las formas antiguas se asemejan a las recientes en lugar de ser idénticas a ellas, seguimos asumiendo una ascendencia ininterrumpida, acompañada por la transmisión hereditaria de caracteres comunes y variaciones progresivas. Y si se descubren dos formas idénticas en los confines de la tierra, aun así (con ligeras reservas ocasionales debido a una posible «homoplasia»), construimos hipótesis sobre este hecho de identidad, dando por sentado que ambas pertenecen a un tronco común, cuya dispersión en el espacio debe explicarse de algún modo, su ruta rastreada, su época determinada y sus causas discutidas o descubiertas. En resumen, el naturalista no admite ninguna excepción a la regla de que una «clasificación natural» solo puede ser genealógica, ni duda jamás de que «El hecho de que seamos capaces de clasificar los organismos en absoluto de acuerdo con los caracteres estructurales que presentan, se debe al hecho de estar emparentados por descendencia38.» Pero esta gran generalización es apta, en mi opinión, para llevarnos demasiado lejos. Puede ser segura, certera, útil e iluminadora cuando la aplicamos a entidades tan complejas,〔a resultantes mil veces multiplicadas de la combinación y permutación de muchos caracteres variables,〔como un caballo, un león o un águila; pero (a mi parecer) tiene un aspecto muy diferente, y un fundamento mucho menos firme, cuando intentamos extenderla a organismos diminutos cuyos caracteres específicos son pocos y sencillos, cuya sencillez {252} se vuelve mucho más manifiesta cuando la consideramos desde el punto de vista de la descripción y el análisis físico y matôÙheôÙmáôÙtiôÙco,

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