tanto, de que podamos discutir útilmente esta clase de cuestiones en detalle, será aconsejable examinar desde sus cimientos la cuestión general planteada por el socialismo. Y este examen debe realizarse sin prejuicio hostil alguno.
Por más irrefutables que parezcan los argumentos a favor de las leyes de la propiedad para aquellos sobre quienes tienen el doble prestigio de la costumbre inmemorial y del interés personal, nada es más natural que el que un obrero que ha empezado a especular sobre política las considere bajo una luz muy diferente. Habiendo alcanzado, tras largas luchas, en unos países, y casi alcanzado en otros, el punto en el que, para ellos al menos, no hay más progreso que hacer en el terreno de los derechos puramente políticos, ¿es posible que las clases menos afortunadas entre los "varones adultos" no se pregunten si el progreso debe detenerse ahí? A pesar de todo lo que se ha hecho, y de todo lo que parece probable que se haga, en la ampliación del sufragio, unos pocos nacen con grandes riquezas,