mirada trabaja cada persona, seguramente sería favorable al trabajo bueno y duro, y desfavorable a la pereza, la negligencia y el despilfarro. En el sistema actual no solo no ocurre esto, sino que la opinión pública de la clase obrera a menudo actúa en la dirección opuesta: * las normas de algunas asociaciones profesionales prohíben de hecho a sus miembros superar un determinado nivel de eficiencia, no sea que reduzcan el número de trabajadores necesarios para la labor; * y por la misma razón, a menudo se oponen con violencia a los ingenios destinados a economizar mano de obra. El paso de esto a un estado en el que cada persona tuviera interés en hacer que todas las demás fuesen lo más industriosas, hábiles y cuidadosas posible (lo cual sucedería bajo el comunismo), constituiría un cambio
Hay que considerar, sin embargo, que los principales defectos del sistema actual con respecto a la eficiencia del trabajo pueden corregirse, y las principales ventajas del comunismo en ese aspecto pueden obtenerse mediante arreglos compatibles con la propiedad privada y la competencia individual. Ya se obtienen considerables mejoras mediante el trabajo a destajo, en los tipos de labor que lo permiten. Mediante este método, el interés personal del obrero se vincula estrechamente con la cantidad de trabajo que produce —no tanto con su calidad, cuya garantía aún debe depender de la vigilancia del empleador—; ni el trabajo a destajo conlleva la opinión pública de la clase obrera, la cual suele estar, por el contrario, fuertemente opuesta a él, por considerarlo un medio para (según creen) disminuir el mercado para los trabajadores. Y existe un fundamento real para su aversión al trabajo a destajo si, como se alega, es una práctica frecuente de los empleadores que, tras utilizarlo