comunismo, salvo en la medida en que estuviera en manos de los individuos ponerle límites al elegir pertenecer a una comunidad de personas afines a ellos
De estas diversas consideraciones no pretendo deducir ninguna conclusión en contra de la posibilidad de que la producción comunista sea capaz de ser en algún tiempo futuro la forma de sociedad mejor adaptada a las necesidades y circunstancias de la humanidad.
Pienso que esta es, y será durante mucho tiempo, una cuestión abierta, sobre la cual se obtendrá continuamente nueva luz, tanto mediante la prueba del principio comunista en circunstancias favorables como mediante las mejoras que se efectuarán gradualmente en el funcionamiento del sistema existente, el de la propiedad privada.
La única certeza es que el comunismo, para tener éxito, requiere un alto nivel de educación tanto moral como intelectual en todos los miembros de la comunidad: moral, para capacitarlos a fin de que cumplan su parte con honestidad y energía en la labor de la vida sin más incentivo que su participación en el interés general de la asociación, y sus sentimientos de deber y simpatía hacia ella; intelectual, para volverlos capaces de valorar los intereses lejanos y adentrarse en consideraciones complejas, lo suficiente al menos para poder discernir, en estos asuntos, el buen consejo del malo.
Ahora rechazo por completo la idea de que sea imposible que la educación y el cultivo que estas cosas implican sean la herencia de todas las personas de la nación; pero estoy convencido de que es muy difícil, și que el paso hacia ello desde nuestra condición actual solo puede ser lento.
Admito el argumento de que, en los aspectos de la educación moral de los que depende el éxito del comunismo, el estado actual de la sociedad es desmoralizador, y que solo una asociación comunista puede capacitar eficazmente a la humanidad para el comunismo.