orden de cosas existente, sin prolongación del sufrimiento por un lado, ni perturbación innecesaria por el otro. Planeó, por tanto, una obra que abordara de manera exhaustiva todo el tema, punto por punto; y los capítulos que ahora se imprimen son los primeros borradores redactados como cimientos de esa obra.
Es posible que estos capítulos, cuando la obra hubiera sido redactada por completo y luego reescrita, de acuerdo con el hábito del autor, no hubiesen aparecido en el orden actual; es posible que se hubieran incorporado en diferentes partes de la obra.
No ha sido sin vacilación que he cedido al urgente deseo del director de esta Review de dar estos capítulos al mundo; pero he accedido a su petición porque, si bien me parece que poseen un gran valor intrínseco, así como una aplicación especial a los problemas que hoy se imponen a la atención pública, no creo que resten nada a la reputación puramente literaria de su autor, sino que más bien constituirán un ejemplo de la paciente labor con la que se hace una buena obra.
Helen Taylor.
Enero, 1879.