aquellos libros, y en gran abundancia, que son más propensos a corromper tanto la vida como la doctrina, no pueden ser suprimidos sin la caída de la erudición y de toda capacidad en la disputa, y que estos libros de uno y otro género son los que con mayor frecuencia y prontitud contagian a los doctos, de quienes al pueblo llano puede transmitirse con rapidez todo lo que sea herético o licencioso, y que las malas costumbres se aprenden a la perfección sin libros de otras mil maneras que no se pueden detener, y que la doctrina perniciosa no puede propagarse mediante libros a menos que un guía la encauce, lo cual también podría hacer sin escribir y, por tanto, más allá de toda prohibición, no alcanzo a comprender cómo esta cautelosa empresa de la censura previa puede exceptuarse del número de los intentos vanos e imposibles. Y quien tuviera una disposición alegre no podría evitar compararla con la hazaña de aquel valiente que pensó encerrar a los cuervos cerrando la puerta de su parque.
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Areopagitica
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