Primeramente, cuando una ciudad se halla por así decir asediada y cercada por todas partes, su río navegable infestado, incursiones y entradas por los rededores, desafíos y batallas frecuentemente rumoreados que marchan hasta sus mismas murallas y trincheras de los suburbios, que entonces el pueblo, o la mayor parte, más que en otros tiempos, entregado por completo al estudio de las más altas e importantes cuestiones que deben reformarse, esté disputando, razonando, leyendo, inventando, discurriendo, hasta rozar lo insólito y admirable, cosas jamás antes discritas ni escritas, arguye primeramente una singular buena voluntad, satisfacción y confianza en vuestra prudente previsión y seguro gobierno, Lores y Comunes; y de ahí se deriva a una gallarda valentía y bien cimentado desprecio de sus enemigos, como si no hubiera un número pequeño de espíritus tan grandes entre nosotros como lo fue el de aquel que, estando Roma casi asediada por Aníbal, compró dentro de la ciudad, a no bajo precio, el terreno sobre el cual el propio Aníbal acampó su propio regimiento.
A continuación, es un presagio vivo y alegre de nuestro dichoso éxito y victoria. Pues así como en un cuerpo, cuando la sangre es fresca, los espíritus puros y vigorosos, no solo para las facultades vitales sino para las