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nydus/AreopagiticaPublic
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Areopagitica

modo, bajo una prohibición tan desconfiada y suspicaz, se comprende claramente qué denuesto es. Tanto más cuanto que los deudores y criminales pueden pasearse en libertad sin un guarda, pero los libros inofensivos no deben salir a la calle sin un carcelero visible en su portada.

Ni es tampoco menos que un oprobio para la gente común; pues si somos tan celosos de ellos, que no nos atrevemos a confiarles un panfleto en inglés, ¿qué hacemos sino censurarlos como a un pueblo voluble, vicioso y sin fundamentos; en un estado de fe y discreción tan enfermo y débil que no es capaz de tragar nada que no sea a través de la pipa de un censor?

Que esto sea cuidado o amor hacia ellos, no podemos fingir, cuando, en aquellos lugares papistas donde los laicos son más odiados y despreciados, se emplea con ellos la misma severidad.

Sabiduría no podemos llamarlo, porque no detiene más que una brecha de licencia, ni eso tampoco: cuando aquellas corrupciones, que pretende prevenir, irrumpen con mayor rapidez por otras puertas que no pueden cerrarse.

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