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V. Tempestad, naufragio, terremoto, y lo que fue del doctor Pangloss, de Cándido y del anabaptista Jacques

Tempestad, naufragio, terremoto y lo que fue del doctor Pangloss, de Cándido y del anabaptista Iacobo

Medio muertos de aquella angustia inconcebible que produce el balanceo de un buque, la mitad de los pasajeros ni siquiera eran conscientes del peligro. La otra mitad chillaba y rezaba. Las velas se desgarraron, los mástiles se rompieron, la embarcación hizo agua. Trabajara quien quisiera, nadie oía, nadie mandaba. El anabaptista, que estaba en cubierta, echó una mano; cuando un marinero brutal le propinó un golpe violento y lo dejó tendido de espaldas; pero, con la fuerza del impacto, el propio marinero cayó de cabeza por la borda y quedó prendido de un trozo del mástil roto. El honrado Santiago acudió en su auxilio, lo sacó a flote, y a causa del esfuerzo que hizo se precipitó al mar a la vista del marinero, que lo dejó perecer sin dignarse a mirarlo. Cándido se acercó y vio a su bienhechor, que emergió sobre el agua un instante y quedó luego tragado para siempre. Ya iba a saltar tras él, pero se lo

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